En un primer momento podría parecer que lo que va hacer este conocido artista popular con su misiva es pedir el apoyo solidario contra la difícil situación a la que se han venido enfrentando sistemáticamente los creadores comprometidos seriamente con el hecho cultural. No solo creadores, también editores, programadores, salas, gestores y todos aquellos que apuestan por la cultura en letras mayúsculas. Y hablamos de cultura y no de comercio ni de industria.
Pero no. Lo que pide en su artículo es que se les pague un dinero por todos los CDs y DVDs vírgenes que se fabriquen, tanto se terminen utilizando para grabar la músicas que yo mismo componga bajo licencia copyleft, como si los utilizo para hacer los backups de mis trabajos, o como si los utilizo para las copias de seguridad de mis archivos. Esta cifra que pide y que él considera “irrelevante proporcionalmente” según publicó El Mundo asciende a 36 millones de euros por año.
El cantante advierte que “el derecho de autor es nuestro salario y no vamos a renunciar a él”. Aunque no comparto como creador su criterio, me parece lícito que él decida libremente ese sistema de remuneración compensatoria para su trabajo de autor. Pero no me parece razonable que obligue a que se le pague ninguna cantidad de dinero, ni irrelevante ni relevante, cada vez que yo compongo una obra cultural copyleft y decido grabarla en un CD virgen para mostrarla o para vendérsela a un cliente. ¿Qué forma es esta de entender el apoyo a la cultura?
Para finalizar afirma que “un país que quiere hacer una apuesta por la cultura, deberá seguir apoyando a los autores. Estamos ante una oportunidad histórica para reafirmar ese envite por la creación y el patrimonio cultural.”
O sea ¿debemos entender que apostar por la cultura es permitirles recaudar un dineral con el famoso canon para repartirlo entre los autores más vendidos?
Pues, modestamente, mi criterio de apuesta por la cultura dista muchísimo de este modelo que nos propone.